Muñeca lino: Mushiba, la caries
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Mushiba tiene un oficio: hacerle caries a la gente que no se lava los dientes. Todavía es aprendiza. Pero el oficio no le gusta mucho, y hace caries solo porque es su trabajo.
Al caer la noche, un teléfono estridente la llama al servicio. Tiene que presentarse dentro de la boca de quien no se lava los dientes y dar parte de «los dientes que llevan un tiempo sin cepillar». ¿Que a quién se lo cuenta? Al inspector del Ministerio de las Caries. Cuando termina la revisión, a la mañana siguiente debe acercarse al Ministerio y entregar su informe.
Como en el fondo Mushiba es buena, procura informar de lo menos posible. Al fin y al cabo, nadie quiere ver a otra persona con dolor de muelas, y a ella le gustaría que no hubiera caries.
En el Ministerio, otro encargado comprueba que el informe esté bien hecho y encarga las obras de la caries a una empresa especializada.
Los obreros son artesanos serios y estrictos: hacen exactamente lo que se les encarga, ni más ni menos. Justo antes de que empiecen las obras, Mushiba se escapa de noche a mirar la obra a escondidas. A lo mejor ya se ha lavado los dientes y esta vez no hace falta. Pero casi siempre siguen sin cepillar, y a Mushiba se le caen los hombros.
Cuando empiezan las obras —ñaca, ñaca, ñaca—, a Mushiba se le escapan las lágrimas.
El inspector la riñe: por eso sigue siendo una aprendiza. Y Mushiba se pone a pensar. Si todo el mundo se lavara los dientes y no quedara ni una sola caries… podría tumbarse en un diente blanco y limpio, el teléfono no sonaría, y podría tomarse unas vacaciones largas… y entonces sí que podría irse muy lejos. Mushiba se queda soñando con eso.